15 de agosto de 2011

Capítulo 3

Estaba terminando de poner al día los informes de mis pacientes, para dejarlo todo preparado para el mes que iba a estar fuera. Pensar que me iba a casar en dos días.... Aún no me lo podía creer. Recuerdo el día que le pedí a Bella que se casara conmigo, fue uno de los días más difíciles de mi vida.

Estábamos en la cocina de la casa de Charlie, aprovechando que Charlie se había ido a pasar un fin de semana de pesca con su amigo Billy; Bella decidió que podríamos preparar una cena por el cumpleaños de Alice.

Llevaba un par de días con la cajita del anillo en mi bolsillo buscando el momento para pedirle que se casara conmigo, pero sabía que no debía ser algo muy romántico porque Bella detestaba esas cosas. Estaba nervioso, y ver a Bella moverse por toda la cocina me ponía aún más ansioso, me hacía todo más difícil, no era capaz de encontrar el momento. No sabía cómo hacerlo. Sabía que ella me quería tanto como yo a ella, pero no le gustaba la idea del matrimonio, es algo que dejó bastante claro unos meses atrás cuando se casó Alice, siempre le decía que era ridículo montar todo aquello para plasmarlo en un papel, que el amor por una persona no necesita demostrarse de esa manera.

- Edward, ¿me estás escuchando?
- Si..., dime
- Que si me puedes pasar las verduras
- Ah! si, se las di.
- ¿Tú crees que Alice se espera todo esto? ¿Es que ya sabes cómo se pone cuando se le ocultan cosas? Tuve que decirle que nos habíamos peleado para que no planeara nada con Jasper esta noche y viniera.
- Yo creo que no se enfadará, creo que estará encantada con la sorpresa, le dije para tranquilizarla. Se le veía extremadamente nerviosa, y cuando fue a poner las verduras en la sartén estas que cayeron al suelo.
- Bella tranquila, es sólo una cena, le dije viendo como cogía un trapo para recoger lo que se le había caído.
- ¡Sólo una cena!, dijo en un tono más alto. - Sabes que la cocina no es mi fuerte, y esto, dijo señalando al asado, es la primera vez que lo hago, y la maldita receta no la entiendo, dijo mordiéndose el labio.
- No te preocupes, seguro que estará perfecto, como todo lo que tú haces, le dije agachándome junto a ella y ayudarla a recoger.
- Sí, lo que tú digas, bufó.

Ya no podía más. Tenía que hacerlo, no podía pasar de esta noche, eso lo tenía claro. Pensé que este podía ser tan buen momento como otro cualquiera. Respiré hondo y le cogí la mano.

- Bella, quería hablar.. un momento... contigo, dije medio tartamudeando.
- Dime, dijo dejando lo que tenía en las manos mirándome a los ojos.
- Sabes.... yo....
- ¿Qué te ocurre Edward?, me preguntó cogiéndome la mano dulcemente.
- Yo..., se que a ti no te gustan mucho estas cosas. Cada vez se me hacía más difícil.
- ¿Qué cosas Edward?, dijo ya algo nerviosa.

Respiré hondo, metí mi mano en el bolsillo derecho, saqué la caja de terciopelo negro, la abrí, cogí sus manos puse la caja, le miré a los ojos y dije: "Cásate conmigo Bella".

Su reacción no me la esperaba en absoluto, esperaba que me gritara, que me diera una bofetada, pero lo que hizo, para nada. Dejó la caja a un lado. Terminó de recoger las verduras y siguió cocinando.

No me lo podía creer, ¿será que no me ha escuchado? No, seguro que está pensando en cómo decirme que no.
Yo seguía agachado en el suelo, cogí la dichosa cajita y la guardé de nuevo en mi pantalón.
La cocina estaba en silencio, un silencio incómodo.

No podía creerme que Bella siguiese cocinando como si nada hubiese pasado. Estaba ansioso. Quería preguntarle si me había escuchado, quería decirle que si no quería yo podría esperar, o haríamos lo que ella quisiese, yo lo único que quería era estar con ella, que formase parte de mi vida.

- ¿Edward, me puedes pasar esa fuente que tienes detrás de ti?, me preguntó tranquilamente.
- Sí, le contesté saliendo de mi debate interno. Me giré para cogerla.
- Por cierto Edward, sobre lo que preguntaste antes, mi respuesta es sí.

Me quedé paralizado. Giré para mirarle a la cara. Tenía una enorme sonrisa en su rostro. Estaba asimilando lo que me acababa de decir. ¡Dios mío! ¡Me ha dicho que sí! Fui rápidamente a su lado. Deje la fuente a un lado, encima de la encimera, puse mis manos sobre su cara.

- Gracias, y empecé a repartirle besos por toda la cara. – Gracias, repetía una y otra vez.

Empezó a reírse. Junté sus labios con los míos. Y nos dijimos todo con ese beso. Era un beso que demostraba lo mucho que nos pertenecíamos el uno al otro, un beso de esperanza y de un futuro juntos.

Los altavoces del Hospital me sacaron de mi recuerdo.

¡Doctores Cullen, se les necesita en urgencias!
¡Doctores Cullen, se les necesita en urgencias!

Dejé los informes en la mesa y me fui hacia los ascensores para ir a urgencias.
Una vez dentro de los ascensores escuché hablar unas enfermeras que estaban detrás de mí.

- ¿También te llamaron Ángela?
- Si, por lo visto ha habido un tiroteo, y han dado aviso a las enfermeras de quirófano para que estemos listas para cualquier cosa, decía con voz preocupada. – Espero que no sea nada grave, dijo más suavemente.

En ese momento se abrieron las puertas del ascensor. Fui rápidamente al puesto de enfermeras para que me informasen de la urgencia.

- ¿Han llegado ya? Pregunté algo nervioso, no sé porque tenía un mal presentimiento desde que escuché hablar a las enfermeras en el ascensor.

La enfermera negó con la cabeza.
En ese momento se abrieron las puertas de urgencias fuertemente y pude ver a mi padre junto a Seth y Sam, otros dos médicos de urgencias. Me dirigí hacia mi padre y él me paró a medio camino.

- No Edward, de esto nos ocupamos nosotros, tú no puedes…..

La voz del médico de la ambulancia le interrumpió.

- Varón. 50 años. Lesión por arma de fuego en el parietal izquierdo sin orificio de salida.

Mi padre fue directamente hacia la camilla.

- Llévenlo al quirófano 1. Sam ve tú. Ordenó mi padre.

Sam asintió. Cuando la camilla pasó por mi lado pude ver que se trataba de Charlie.

La puerta de urgencias se volvió a abrir de forma brusca.

- ¡He dicho que estoy perfectamente!, se escuchaba a voces. Puede reconocer que era la voz de mi hermano Emmett. – ¡Queréis dejarme en paz y atenderle a ella!, gritó.

En cuanto Emmett dijo ella, mi mente empezó a atacar cabos. “Ella” era Bella. No, pensé ella no. Fui corriendo hacia la puerta pero mi padre volvió a pararme.

- ¡No Edward!, dijo autoritariamente.
- Pero…, no pude terminar la frase cuando escuché de nuevo a mi hermano.
- ¡¡Queréis atender a Bella de una vez!!

Cuando lo escuché ya no me cabía duda alguna. Mi niña estaba herida. – Bella, dije en un susurro. Intenté de nuevo ir hacia las puertas cuando en ese momento entraban con una camilla.

- Mujer. 24 años. Presenta una fractura abierta en la pierna izquierda. Fuerte contusión en la cabeza. Posible hemorragia interna. Lleva inconsciente aproximadamente 30 minutos.

No podía creer todo lo que estaba escuchando. Estaba totalmente quieto mirando a Bella sobre la camilla. ¿Todo eso tenía Bella?, ¿Pero qué es lo que había pasado?

Cuando salí de mi pequeño estado de shock intenté acercarme. Mi padre puso una mano sobre mi hombro y dijo:

- No Edward, yo lo hago. Ve con tú hermano

Sentía que mis lágrimas estaban a punto de caer. Tenía que controlarme. No podía dejar llevarme por el dolor y el pánico. Ahora no. Parpadee varias veces para que estas no cayeran. Ahora tenía que poner toda mi atención en mi hermano.

Fui con paso decidido hacia el box donde lo había llevado. Llegué tomé aire fuertemente y abrí la puerta para entrar. Una vez dentro Emmett habló.

- ¡Edward, de verdad lo siento!, me decía en sollozos.
- Ahora no Emmett, le dije secamente.

Sabía que no era forma de hablarle, pero debía de hacerlo por mi propio bien. El me miró con gran dolor, pero no dijo nada más.

Revisé el breve informe que habían dejado los médicos de la ambulancia, y pude ver que tenía un orificio de bala en la pierna derecha a la altura del muslo.
Levante el vendaje provisional que le habían puesto en la ambulancia, y pude comprobar que había orificio de salida. Ya apenas sangraba. Parecía una herida superficial. Probablemente sólo tendría rasgado el musculo, pero debía realizarle una serie de pruebas para cerciorarme.

Mientras estaba revisando la herida de mi hermano, reinaba un absoluto silencio. Le di instrucciones a la enfermera para que fueran a realizar las pruebas a Emmett, y dije:

- Todo saldrá bien Emmett. No sabía si lo decía para tranquilizarle a él, o para convencerme a mí.

Ayudé a poner a Emmett en una silla de ruedas para que le llevaran a las pruebas. Cuando estaba a punto de salir por las puertas del box dijo:

- Edward, todo saldrá bien. Ya lo verás, me dijo con un intento de sonrisa. Yo sólo asentí.

Cuando se cerraron las puertas del box, entré un estado de ansiedad. No podía esperar a tener noticias de cómo se encontraba Bella, tenía que moverme e intentar saber cómo se encontraba. Cuando estaba a punto de salir el sonido de un teléfono móvil me distrajo.

Miré la dirección en la que provenía el sonido y vi que salía de la bolsa donde habían dejado la ropa y las pertenencias de Emmett.

Fui rápidamente hacia allí y busqué el teléfono. Cuando lo encontré pude comprobar por el identificador de llamadas que se trataba de Alice. Respiré hondo y descolgué.

- ¡Se puede saber donde os habéis metido! ¡Se supone que deberías haber traído a Bella hace más de una hora!, dijo gritando.
- Alice, contesté con esfuerzo.
- ¿Edward?, dijo sorprendida. ¿Qué haces contestando el teléfono de Emmett y por qué Bella no está en casa de papá y mamá? Preguntó enfadada.
- Alice estamos en el hospital, le contesté algo más alterado.
- ¡Oh Dios mío Edward!, ¿Qué ha pasado?, ¿Estáis bien?
- No Alice, bueno no lo sé, dije ya más nervioso y pasando desesperadamente una mano por mí pelo. Se produjo un pequeño silencio escuché a Alice susurrar “James”.
- Ahora mismo vamos para allá Edward, y colgó.

James, repetía mentalmente con el teléfono aún en mi oreja. Con toda la tensión no le había preguntado a Emmett que era lo que había pasado.

En ese momento me llamaron al busca. Dejé el teléfono en la bolsa de mala manera y fui rápidamente al puesto de enfermeras.

Una vez allí pregunté qué era lo que necesitaban. Una de las enfermeras se dirigió a mí y dijo:

- Dr. Cullen, el Dr. Uley ha pedido que busquemos a algún familiar del Sr. Swan, y pensado que usted podría ayudarme.

Me quedé congelado. Charlie y Bella sólo se tenían el uno al otro. No tenían más familia. Ningún pariente.

- ¡Dr. Cullen!, me llamó de nuevo.
- Sí, esto…., no tienen a nadie a quien puedan llamar, le contesté con un nudo en la garganta.
- Bueno…, está bien, se lo comunicaré al Dr. Ulley entonces.
- Perdona, miré la placa donde aparecía su nombre, - Rebeca, me puedes decir el quirófano en el que se encuentra el Sr. Swan y…
- ¿La Srta. Swan? Terminó la frase por mí con lástima.
- Si, por favor, le dije mirando al suelo.
- El Sr. Swan está en el quirófano 1, y la Srta. Swan en el 5, me respondió mirando el ordenador.
- Gracias Rebeca. ¿Le puedo pedir un último favor? Cuando vuelva Emmett Cullen de realizarse sus pruebas podría avisarle al Dr. Clearwater, por favor.
- Si, no se preocupe Dr.

Tras mi breve conversación con la enfermera decidí que ya era hora de enfrentarme a mi mayor miedo, ver a Bella.

Aceleré mi paso hacia los ascensores que conducían los quirófanos en los que me habían dicho que se encontraban. Una vez dentro pulsé el botón del subsótano 3 que era donde se encontraban los quirófanos de urgencias. Sólo había que bajar tres plantas, pero parecía que el ascensor iba más lento de lo normal. Estaba cada vez más nervioso, no sabía que me iba a encontrar, no sabía en qué estado se encontraba. ¡NO!!, me reñí mentalmente, ella estará bien, es fuerte podrá con esto, podremos con esto.

Finalmente las puertas del ascensor se abrieron, y apareció ante mí el pasillo de entrada a los quirófanos. Este se encontraba extrañamente vacío y en absoluto silencio. Di un paso fuera del ascensor y me encaminé hacia mi objetivo, el cual eran las puertas metálicas que había al final de este.

Nunca me había fijado en lo triste que era esta zona, las paredes estaban pintadas en un tono verde grisáceo y en algunas zonas tenía levantada la pintura.

Estaba acostumbrado a pasar por aquí casi a diario, debido a mi trabajo, pero ahora lo veía todo distinto, veía cosas en las que nunca me había fijado. Ahora podía ponerme en el lado de los familiares en la angustia que sienten al esperar tener noticias de los tuyos.

Seguí avanzando, y pude notar que las salas de esperas estaban vacías, ¿no hay ninguna operación hoy a parte de la de Bella y Charlie?, esto me ponía más nervioso, el encontrarme sólo en este pasillo que parecía no tener fin. Una vez llegue a las puerta que comunicaban con la zona de quirófanos respiré profundamente y cuando iba a poner mis manos para empujarlas, las puertas se abrieron y apareció ante mi la Dra. Denali, me miró con tristeza y dijo:

- Lo siento Edward, hemos hecho todo lo que hemos podido, pero no ha podido superarlo, estaba muy débil

Yo no sabía de lo que me estaba hablando, no podía estar hablando de Bella, ¿Qué no han podido hacer nada?, ¿Qué quiere decir con eso? Que Bella ha…

- Edward, no te preocupes. Siempre podéis volver a intentarlo después de un tiempo, claro.
- ¿Qué me estás diciendo Tanya?, ¿No te entiendo?, le dije alzando mi voz considerablemente. El dolor que sentía en mi pecho se estaba haciendo insoportable, y los ojos me escocían y picaban por las lágrimas que luchaban por salir.
- ¡Edward tranquilo!, me dijo cogiéndome la mano para tratar de calmarme. – Se que esto va a ser difícil para los dos, pero sobre todo para ella…
- Tanya de verdad que no te sigo, le interrumpí bruscamente.
- ¡Edward estoy hablando del bebé!. ¿De qué voy a estar hablando sino?
- ¿Bebé?, pregunté en shock.
- Bella estaba embarazada de 7 semanas. Veo que no lo sabíais, dijo en tono más bajo. – Lo siento de verdad Edward dijo poniendo su mano en mi hombro. Y tras esto se marchó.

Yo apoye mi espalda en la pared del pasillo que tenía más cerca. Me costaba respirar. Un bebé, íbamos a tener un bebé. Esto no podía ser cierto. Me dejé resbalar. Llevé mis rodillas hacia el pecho y baje mi cabeza hasta ponerla sobre estas.

Cerré mis ojos y vinieron a mí todas las imágenes que había estado reprimiendo. Bella intubada, pálida, cubierta de sangre. Ante esto sentía un gran nudo en mi garganta. Dejé que el dolor se abriera paso, con esto las lágrimas y los sollozos inundaron el pasillo en el que estaba.

Estaba intentando normalizar mi respiración. Tenía que calmarme. Debía ser fuerte por los dos, por Bella y por mí.

Estaba tan concentrado en tratar de normalizar mi respiración que no me di cuenta que había alguien a mi lado hasta que no puso uno sus brazos por mi hombro. Levanté levemente la vista y comprobé que se trataba de mi padre. Me deje caer hacia su lado y él me abrazó. Dejé que me reconfortara. Era algo que necesitaba. No sé cuánto tiempo pasó hasta que mi padre habló:

- Ella está bien Edward. No te voy a mentir diciéndote que no ha sido nada, ha estado bastante cerca. Ha perdido mucha sangre y hemos tenido que hacerle varias transfusiones. La fractura de su pierna se recuperará en un par de meses y algo de rehabilitación. Tiene tres costillas rotas, y una de ellas llegó a perforarle el pulmón derecho, pero no creo que eso sea mucho problema para ella, es muy fuerte.
- La Dra. Denali me dijo que…, le dije mirándole a los ojos.
- Lo siento Edward, no ha podido seguir adelante. El golpe fue…
- No lo sabíamos, le dije interrumpiéndole.- No sabíamos que íbamos a ser padres, le dije limpiándome un par de lágrimas que se me habían salido.

Mantuvimos un breve silencio, hasta que en un momento de lucidez por mi parte me acorde de Charlie.

- Papá, ¿Cómo está Charlie?, ¿Sabes cómo ha ido la operación?
- No lo sé hijo. Entraré a informarme y te cuento después. Pero…, no si….
- Sé que estaba en estado crítico, le contesté suavemente. Yo sabía que las operaciones de bala en el la cabeza eran muy complicadas. Cuando estuve en Europa estudiando tuve la oportunidad de participar en varias, y las pocas personas que sobrevivían terminaban con grandes secuelas. Sabía que Bella se iba a tomar muy mal este asunto, pero yo voy a estar allí para apoyarle y ayudarle. - ¿Puedo pasar a ver a Bella?, le pregunte esperanzado.
- Creo que en unos minutos la pasaran a la sala de reanimación. Después si todo sigue bien la pasaremos a planta. También quería decirte que creo conveniente que la mantengamos sedada al menos un día, los golpes son fuertes y las fracturas han sido importantes, necesita estar tranquila, así minimizamos su dolor de momento.
- Tienes razón, pero puedo…
- Si vamos dentro, me dijo ofreciéndome su mano para levantarme. – Hijo, aunque parezca que está mal, no es del todo así, ya te he informado de todo. Está estable y se recuperará muy bien. Te tiene a ti…
- Y a todos nosotros, dijo una voz a nuestras espaldas. Me giré y vi a mi familia. Alice, Jasper, Rosalie, Emmett, en una silla de ruedas, y mi madre, que me miraba con gran ternura.

Mi madre vino caminando rápidamente hacia mí y me abrazó mientras me decía:

- Todo estará bien, la conozco Edward. No se dará por vencida por nada ni por nadie. Es muy fuerte más de lo que nos creemos.
- Eso espero, le dije en un susurro.
- ¿Papá cómo está Bella? Preguntó Emmett nervioso.
Mi madre se separó lentamente de mí, cogió mi mano y miró a mi padre.

- Se pondrá bien, sólo necesitará tiempo.
- Edward, me llamó mi hermano. Yo… lo sient.., no pudo terminar porque empezó a sollozar. Solté la mano de mi madre, me fui hacia mi hermano, me agaché para ponerme a su altura y lo abracé.
- Todo está bien Emmett, todo estará bien, le dije también con los ojos llorosos.
- ¡Lo intenté!, ¡de verdad que lo intenté!, pero no pude, dijo llorando.
- Lo sé Emmett, lo sé. Sabía que mi hermano haría cualquier cosa por proteger a Bella, la quería como si fuese su hermana.
- ¡Te prometo que lo atraparé Edward!, ¡James no volverá a acercase a ella!, dijo sorbiéndose la nariz y limpiándose las lágrimas.

En ese momento se abrieron las puertas que daban a la zona de quirófanos y salió Sam. Se le veía cansado, estaba cabizbajo. Me incorporé de mi posición y fui hacia él.

- ¡Edward!, me dijo al mismo tiempo que hacía un leve movimiento de cabeza.
- ¿Cómo está Charlie?, le pregunté nervioso.

Tomó aire, intentando aclararse las ideas me miró directamente a los ojos y dijo:

- Sabes cómo es esto Edward. La bala estaba alojada en el parietal izquierdo y ha sido complicado extraerla. En la operación entró en parada una vez, pero conseguimos recuperarlo rápidamente, pero no sé…
- No sabes que pasará hasta que pase el tiempo de rigor, le dije frustrado.
- Lo siento de verdad, he hecho todo lo que he podido, ahora depende todo de él. Lo llevaremos a cuidados intensivos.
- Gracias Sam, muchas gracias.

Tras esta breve conversación con Sam él se marchó. Me giré para ver a mi familia. Alice estaba abrazada a Jasper, llorando desconsoladamente; Sabía lo importante que eran para ella Bella y Charlie, porque ellos la consideraban una hermana, y en el caso de Charlie una hija más, una hija loca, como él le decía.

Rose estaba dándole ánimos a Emmett, que de vez en cuando se limpiaba las lágrimas que le caían por las mejillas. Tras ese aspecto de hombre duro se escondía un niño dulce y familiar.
Mi padre estaba junto a mi madre, mirando a mis hermanos y después a mí. Mi madre sonreía de forma dulce. Ese era su manera de animarnos a todos.

Tras estar un par de minutos cada uno en su mundo me dirigí a mi padre.

- Papá, ¿podemos ya ir a ver a Bella?, ¿Entramos a verla?
- Si, vamos.

Mi padre se puso junto a mí. Empujó las malditas puertas metálicas que había cruzado un millón de veces, pero que ahora me llevarían a ver el estado en el que se encontraba “mi niña”.

Estaba muerto de miedo. Quería creer en todo lo que me había dicho mi padre, pero hasta que no lo viera por mi mismo no iba a poder respirar tranquilo.

Fui caminando ansioso al lado de mi padre. El pasillo que siempre me había parecido corto ahora parecía no tener fin. Por fin llegamos a la sala de reanimación. La sala era lo suficientemente grande para entrasen alrededor de 15 camas, las cuales estaban separadas por unas simples cortinas.

Vi a mi padre dirigirse al puesto de las enfermeras que se encontraba en el centro de la sala, pidió una carpeta, la que supongo que sería la de Bella, y se puso a hojearla. Levantó la vista y me llamó con un leve movimiento de cabeza.

Sentía como si mis pies pesaran toneladas, quería correr pero no podía. Me costaba muchísimo dar cada paso. Cuando llegué al lado de mi padre me dio una bata, guantes y una mascarilla, sabía que esto era para poder pasar a Bella, seguramente estaría aislada por la perforación del pulmón.

Una vez me vestí, mi padre me puso una mano en el hombro, era su manera de preguntarme si estaba listo. Yo simplemente le dije un si casi inaudible. Cogió nuevamente la carpeta y comenzó a dirigirse a la zona de pacientes aislados. Comencé a seguirle. Me sentía nervioso, me puse a abrir y cerrar mis manos para ver si de ese modo me relajaba, pero no estaba funcionando muy bien. Llegamos a la puerta y me dijo:

- Tienes 5 minutos Edward, la pasaremos a planta seguramente mañana, si todo sigue como hasta ahora. Ahora vengo a buscarte.

Asentí con la cabeza y empujé la puerta.

No estaba preparado para lo que vi. Bella estaba rodeada de máquinas, estaba monitorizada. Tenía el respirador para facilitarle las cosas. Un drenaje puesto en el lado derecho, seguramente para ayudarle con la perforación del pulmón. También tenía varias intravenosas, por las que le administraban la medicación. Parecía tan indefensa ahí tumbada.

Me acerqué lentamente a la cama. Retiré suavemente unos mechones de su pelo que le caían por la cara. Le di un suave beso en la frente, y le dije:

- Ya estoy aquí cariño, todo estará bien. Podremos con esto. Los dos podremos superar esto.


- ¡Ya era hora de que aparecieras!, le dijo ansioso.
- Yo….., lo siento, contestó con miedo.
- ¿Se puede saber qué es lo que ha pasado?, ¿Dónde te has metido?, ¡Han pasado 4 horas!, le dijo gritando.
- Tenía que esconderme, le contestó suavemente.
- ¿Esconderte?, le cuestionó
- Si. Me vieron y tuve que…
- Ya sé que disparaste al padre de Isabella, dijo con una gran sonrisa
- ¡James!, le llamó con voz temblorosa, - Yo… no puedo seguir con esto, le dijo evitando mirarle.
- ¡Cómo que no puedes seguir con esto! ¿No recuerdas todo lo que te ha hecho?, ¿El desprecio que muestra en su mirada cuando está junto a ti?, ¡No ves cómo es tú vida por su culpa!, le dijo a gritos.
- Si lo recuerdo, le dijo apretando fuertemente los dientes. Pero creo… que deberíamos esperar un tiempo, sólo eso.
- Me parece bien, le contestó más calmado. – El estúpido de su compañero logró herirme en la pierna. Tengo que recuperarme para terminar todo esto. A no ser que no logre sobrevivir a la operación, dijo en tono burlón.
- ¿Cómo sabes que la están operando?, le preguntó intrigado.
- Yo lo sé todo querido amigo. Al igual que sé que a su querido papá le queda muy poco tiempo entre nosotros, gracias a ti claro, y comenzó a reírse.
- Entonces, ¿qué es lo que vamos a hacer? Le preguntó temeroso
- Yo, voy a esconderme con una amiga hasta que me recupere y todo esté en calma de nuevo. Tú intenta pasar desapercibido, es imposible que alguien sospeche de ti. Intenta recopilar toda la información que puedas de ella, si sale de esta tendremos que dar el golpe final, esto último lo dijo con gran entusiasmo, regodeándose en sus palabras.
- James, no sé si…, dijo tartamudeando.
- Mira, vamos a hacer una cosa. Dejamos pasar un tiempo para que todo esto se calme, ¿te parece?, le dijo amigablemente.
- Bien, le contestó más tranquilo.
- En un par de meses me pongo en contacto contigo y hablamos. No te preocupes por nada. Todo terminará bien para todos, le dijo poniéndole una mano sobre el hombro para tranquilizarlo, pues sabía que estaba perdiendo los nervios y podría delatarlos a ambos, cosa que no estaba dispuesto a aceptar.
- Está bien, le contestó tras un breve silencio. Cogió sus cosas que había dejado en el suelo de ese oscuro lugar, miró a James y le dijo: - Hasta pronto.
- Hasta pronto, AMIGO le contestó. – No olvides el motivo de todo esto, le dijo en tono amenazante de nuevo.
- No lo olvido, le dijo en apenas en un susurro. Sin más salió por la puerta esperando no verlo en mucho tiempo.


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