Bella POV
Llevo tres semanas es esta mierda de habitación. Tres semanas en ésta asquerosa cama sin poder moverme, entre estas cuatro paredes que cada momento que pasa me da la sensación de que se hacen más pequeñas.
Reconozco que al ser la novia de Edward tengo ciertos privilegios como que la habitación es bastante grande, y que es solo para mí, pero ya no puedo soportarlo, necesito levantarme, ir al baño, darme una ducha, no sé… hacer cualquier cosa productiva en lugar de estar aquí sin hacer nada, absolutamente nada.
Lo único que hago es pensar en lo que pasó, en todo lo que ha provocado mi estúpido comportamiento. Si yo no hubiese salido del coche y me hubiese enfrentado a esos chicos… ahora estaría riéndome junto a mi padre y tendría a mi bebé creciendo dentro de mí. Aparté rápidamente ese pensamiento, me provoca demasiado dolor. Dolor que me merezco, por ser una estúpida e irresponsable, sino hubiese…
La puerta de la habitación se abrió en ese momento sacándome de mis pensamientos.
- ¡Hola Bella!, ¿Puedo pasar?- me preguntó Jasper.
- Claro... no puedo impedírtelo...-le dije con sarcasmo- ¿Quién te ha enviado hoy? Espera que lo adivino… -le dije poniendo un dedo en mi barbilla- Ya sé ¡Edward! –
- Tienes que entenderle Bella, está preocupado, todos estamos preocupados, te has tomado todo demasiado bien- me decía según se acercaba a mi cama.
- ¡No sigas por ahí!-le contesté algo enfadada- ¡Estoy perfectamente! ¿No lo ves? Respiro, hablo, como y hasta me muevo. -
- Sabes a lo que me refiero Bella – decía negando.
- Conmigo no utilices “tus trucos de psicólogo” o lo que sea. Estoy bien, sólo necesito irme de este maldito hospital y ponerme a trabajar.-
- Bella… sabes que no podrás trabajar en al menos un par de meses, tienes que recuperarte.-
- Si, si lo que sea….- Eso no se lo creía ni él ni nadie, pensaba encontrar al cabrón de James y pegarle un tiro-
- Bella tienes que... –no le dejé terminar.
- Vamos a dejar una cosa clara Jasper, yo te quiero y te agradezco que vengas a visitarme, pero no intentes lavarme el coco porque no lo quiero ni lo necesito, ¿Está claro?-le dije levantando una ceja.
- Como el agua – se sentó en una silla, sacó un libro y se puso a leer- bufé y miré hacia la ventana, si pensaba que con sus truquitos conseguiría algo lo llevaba claro.
Intenté ignorar el hecho de que Jasper estaba conmigo en la habitación. Seguí mirando por la ventana, pude ver que había salido el sol, raro para estar a finales de agosto.
Mi padre en esta época estaría sacando del trastero sus cosas de pesca para irse el fin de semana a casa de Billy. Una triste sonrisa se dibujó en mi cara al recordar lo nervioso que se pone cuando no encuentra todos los anzuelos que según él necesita. Este año se perdería la temporada de pesca y tantas otras cosas….
Luego de nuestra pequeña pelea, Jasper había decidido dejarme tranquila y no dirigirme la palabra, y gracias a eso podía centrarme en intentar recordar todo lo que Edward me había contado cuando me desperté.
Me duele el pecho, me cuesta respirar, me duele la garganta, los ojos me escuecen, las máquinas no dejan de pitar, - ¡Ed... Edward! Lo llamo. Intento respirar hondo, pero siento un dolor más fuerte en el pecho.
- ¿Qué es lo que pasa Edward?- me pareció escuchar a Alice.
- Bella cielo, tranquila, respira despacio- me decía Edward mientras acariciaba mi cabeza- Venga cariño, despacio- intento hacer lo que me dice- No llores cielo, todo estará bien, estoy aquí contigo, respira a la misma vez que yo, escucha mi respiración – coge una de mis manos y se la pone en su pecho- siente mi respiración, siente como sube y baja -hago lo que me dice, me centro en su respiración, siento que respira cerca de mi oído - Eso es, tranquila, muy bien. – Escucho que las máquinas vuelven a tener un ritmo más lento. Intento volver hablar, necesito saber lo que ha pasado.
- ¡Edward!-por fin consigo llamarlo, mi voz suena rasposa.
- Shhh… Estoy aquí cielo, todo está bien, tranquila- siento pequeños besos bajar desde detrás de mi oreja hasta mi garganta- Sé que te duele, por eso tienes que intentar no hablar, debemos hidratarte primero ¿De acuerdo? - Afirmo levemente - Bien, te voy a dar un poco de agua con una pajita, tienes que beber despacio – siento la pajita rozar mis labios, abro la boca y absorbo, se siente tan bien…. intento abrir mis ojos de nuevo, necesito ver los suyos, esos ojos verdes que hablan por sí solos, que me digan que todo está bien, que todo ha sido una pesadilla. Parpadeo fuertemente, abro los ojos y me encuentro con esa mirada llena de preocupación y tristeza, todo ha sido real, siento que mi mundo se desmorona, pero ahora tengo que ser fuerte, no puedo mostrar debilidad. Ya tendré tiempo para desahogarme luego, cuando esté sola, ahora tengo que borrar esa mirada de dolor en Edward, intento sonreír, pero solo me sale una mueca causada por el dolor.
- Hola -le susurro en un leve intento de aparentar normalidad. – me sonríe levemente, pero veo miedo en sus ojos.
- Regresaste -me susurra dejando su frente apoyada sobre la mía - ¿Cómo te encuentras? Vaya pregunta más absurda que hago- murmura-
- Estoy bien Ed - le respondo intentado levantar mi mano para tocarle las ojeras que hay debajo de sus hermosos ojos, pero siento como su mano se posa sobre la mía.
- No lo hagas cielo -me regaña con cariño - Te harás daño – lo ignoro y acaricio suavemente.
- ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Tan mal estoy?-pregunto con algo de temor, le siento tomar aire profundamente.
- No sé cómo hacer esto –murmura y volviendo a coger aire -Lo siento tanto pequeña –me dice tristemente.
- ¿Qué es lo que pasa? -Le pregunto en un susurro al mismo tiempo que acaricio su mejilla, él lleva una de sus manos y la posa suavemente encima de la mía, cierra los ojos. Sé que está tratando de calmarse, ordenando y sus ideas, a los pocos segundos abre lentamente los ojos y me mira.
- Pequeña, ¿Qué es lo que recuerdas? -Me dice con voz acongojada.- y viene a mí todo lo ocurrido en el callejón, cómo le ruego a mi padre que me deje entrar, los ruidos de los disparos, la cara de satisfacción de James, intento apartar todos eso recuerdos, ahora no puedo derrumbarme, no delante de Edward.
- ¿Dónde está mi padre?-pregunto suavemente, él no me contesta- ¿Él está bien verdad?-le pregunto nerviosa. Suspira-
- Él no está bien cariño – me mira con dulzura- Está en coma cielo, lo siento…- no lo dejo terminar.
- En coma- repito suavemente intentado asimilarlo- ¿Cuándo va a despertar?, ¿Cuándo puedo verlo?-le pregunto algo más nerviosa, necesito ver a mi padre, necesito comprobar que está bien. -
- Lo verás cuando te recuperes un poco cariño -me dice suavemente - Y despertar…. No lo sé Bella, no sé cuándo se va a despertar, tenemos que hacer más pruebas para saberlo, tenemos que esperar y ver como evoluciona todo.-
En ese momento no sé qué es lo que me pasó, pero comencé a marearme, a sentir nauseas. Esto no puede ser cierto, mi padre tiene que estar bien, él tiene que estar conmigo yo lo necesito a mi lado.
Aparecen ante mí recuerdos de todas las cosas que hacíamos juntos; cómo me bañaba todas las noches y después me leía un cuento, lo paciente que era conmigo todas las mañanas para despertarme, lo difícil que le resultaba ayudarme con mis deberes de matemáticas, las tardes de los sábados pescando en La Push, como me esperaba nervioso en su sofá preferido que llegara a casa después de salir con algún chico, como me acurrucaba en su cama cuando estaba enferma o tenía alguna pesadilla, la discusión que tuvimos cuando le dije que quería ser policía como él, sus lágrimas de alegría cuando me gradué en la academia….
- Princesa – me llama Edward -respira despacio, poco a poco - me concentré nuevamente en su respiración. –Todo saldrá bien cariño- me dice mientras limpia suavemente mis lágrimas con sus pulgares.-
- No podemos permitir que me deje Ed, tenemos que hacer que despierte- le digo entre sollozos-
- Lo lograremos pequeña, juntos podremos con esto y más. –Intenté abrazarlo, pero me lo impidió.
- Te harás daño, deja que yo lo hago- dijo tumbándose a mi lado. – Gracias- me susurró al oído - Gracias por estar conmigo, por no dejarme, no sé qué haría sin ti pequeña- noté como una pequeña lágrima me caía en el cuello. No dije nada, le conocía bien, sabía que tenía que desahogarse.
Permanecimos así un par de minutos y al mismo tiempo que dejaba varios besos en mi cuello me dijo:
- Íbamos a ser padres Bella, íbamos a tener un bebé. – Eso no podía ser verdad, ahogue un sollozo, no podía derrumbarme, no de nuevo, no puedo permitírmelo, no debo hacer sufrir aún más a Edward.
Tranquila, ya lo has hecho muchas veces. No hace falta que dañes a los demás, ya buscarás alguna manera de superarlo. Sé fuerte. Guárdalo. Hazlo por él, me dije.
- Pequeña, todo estará bien- me dijo mientras acariciaba suavemente mi cara, cerré los ojos disfrutando de su caricia, intentando tranquilizarme.
Tenía que desviar el tema de conversación o me derrumbaría. Alice sería mi salvación, estaba aquí.
- ¡Alice! ¿No me vas a dar un abrazo? ¡Debes estar a punto de estallar! Tanto tiempo quieta y en silencio debe estar matándote. -dije con todo el humor que me era posible y Edward murmuró algo que no logré escuchar.
- ¡No me vuelvas a hacer esto! Yo que estaba a punto de conseguirlo, -decía acercándose a mí con lagrimas en los ojos.
- Lo siento duende, pero otra vez será- en ese momento sentí los brazos de mi amiga alrededor de mi cuello.
- ¡Le vas a hacer daño Alice!-regañó Edward.
- ¡Calla! ¿La oyes quejarse? No verdad… pues eso-contestó a su hermano sacándole la lengua. Yo me reí ante eso, ella sabía que había llamado su atención para aligerar el ambiente.
Estaba riéndome de los dos cuando se abrió la puerta y me encontré de frente con el resto de Los Cullen.
Estaba tan metida en mi recuerdo que me sobresalté cuando noté que me acariciaban la mejilla.
- No quería asustarte, ¿Cómo te encuentras?-Me preguntaba Edward dulcemente.
- Aburrida, ¿Cuándo voy a poder irme a casa?, esto es desesperante.-
- Creo que en un par de días pequeña, depende de los resultados de la última analítica – Me contestó sentándose en la cama.
- Bien, - Giré mi cabeza hacia la dirección donde estaba sentado Jasper y le levanté una ceja a Edward- ¿Ya le has pagado la sesión al loquero? – Jasper levantó los ojos del libro y sonrió, Edward sin embargo se mostró avergonzado.
- Bueno…yo….-no le dejé terminar
- La próxima vez hablas primero conmigo, ¿Está bien?-
- Si señorita, pero creo que te vendría bien hablar con él y…-volví a interrumpirle.
- No quiero discutir contigo Ed, pero estoy bien. No necesito que “Súper Jasper” que venga a mi rescate.-
- Bien -soltó un fuerte suspiro- Había pensado que te gustaría levantarte un poco de la cama, por lo que voy a llevarte a dar un paseo por el hospital, ¿Qué te parece?-
- ¿Es una cita? Porque no creo estar vestida para la ocasión-dije sonriendo.
- Tú estás perfecta siempre -contestó dándome un pequeño beso en los labios.
- ¿Cuándo nos vamos? –le pregunte entusiasmada.
- Voy a por su carruaje princesa – se levantó hizo una reverencia y abrió la puerta, le vi estirar el brazo y entro con una sillas de ruedas.
- ¡No pienso sentarme en eso! – decía señalando a la silla como mi peor enemigo.
- Tienes que ir aquí cielo, no puedes caminar tienes una pierna rota- le interrumpí.
- ¡Dame unas muletas!-dije algo más alterada. Edward se acercó a mí, se sentó de nuevo en mi cama y cogió mi mano.
- Bells, tienes una pierna rota, un golpe en la cabeza del que aún te estás recuperando, las costillas no han soldado del todo, el pulmón aún está cicatrizando, no puedes hacer esfuerzos cielo- me explicó serio- Y si quieres tener esa cita con tú sexy novio…. tienes que ir en la silla. – Bufé, sabía que tenía razón y si quería salir de la cama en la que había estado durante tres semanas tendría que hacerlo en la maldita silla.
- Tú ganas. Espero que al lugar que me lleves sea el más exclusivo del Hospital Dr. Cullen- bromé continuando el juego de la cita.
- Claro que sí preciosa. Vamos que nos están esperando. – Quitó la sábana que me cubría, me cogió en brazos y me sentó en la silla- ¿Lista?- Preguntó abriendo la puerta de la habitación y saliendo al pasillo.
- Sip, - le sonreí- ¡Adiós “Súper Jasper”! Canturreé- Él soltó una carcajada-
Una vez en el pasillo me di cuenta que las enfermeras y los médicos nos miraban. No me gustaba ser el centro de atención y Edward se dio cuenta de ello.
- Haz como si no estuviesen, piensa que sólo estamos nosotros.-
- Cómo si fuera fácil, no dejan de mirarme-dije apretando mis dientes y agachando la cabeza. Edward aceleró el paso y puso una mano en mi hombro reconfortándome.
Llegamos al ascensor, el cual estaba vacío, apretó el botón de la planta 10, se puso de cuclillas frente a mí, puso una de sus manos bajo mi barbilla para que levantara la cabeza.
- Mírame pequeña- lo hice- tengo una sorpresa para ti - le noté nervioso- pero quiero que estés tranquila - eso me puso nerviosa- es una buena sorpresa, estoy seguro que te gustará mucho. – En ese momento se abrieron las puertas del ascensor, habíamos llegado.
- ¿Dónde estamos Ed? –pregunté cuando salíamos del ascensor.
- Estamos en Cuidados Intensivos.-
- ¿Me has traído a hacerme alguna prueba o algo? Vaya una cita- dije refunfuñando, él comenzó a reírse- ¡No tiene gracia Ed!
- No Bells, no te voy a hacer ninguna prueba – se puso a mi altura y me cogió las manos- Vas a ver a tú padre cielo. – Jadee de la impresión, llevaba pidiéndole que me trajera a ver a mi padre desde el día que había despertado, tres semanas de angustia, necesita ver su cara, ver que se encontraba bien.
- ¿De verdad? –pregunté con incredulidad- ¿Voy a poder verle por fin?- Estaba emocionada.
- Si cariño, pero será sólo diez minutos, ¿De acuerdo?- yo afirme con un leve movimiento de cabeza- Primero tienes que ponerte bata, gorro, mascarilla y calzas.-
- ¡A qué estás esperando! ¡Vamos!- sonrió, y me llevó a una pequeña sala donde estaban todas esas cosas que me había dicho. Todo era verde. Me ayudó a ponérmelo, él también se lo puso.
Salimos dirección a unas enormes puertas metálicas que estaban cerradas. Cuando llegamos a ellas marcó una serie de números en un panel lateral, las puertas se abrieron y entramos.
Nos encontramos un largo pasillo, a los lados había diferentes puertas todas ellas estaban cerradas. Nos dirigimos a la recepción que había al final.
Allí había una enfermera que se encontraba apoyada en el mostrador. Su aspecto era muy…, cómo decirlo…, mmmmm…. parecía una actriz porno barata. La falda del uniforme demasiado corta, un escote muy pronunciado, donde dejaba ver algo del encaje de su ropa interior y todo ello acompañado por un pintalabios rojo del mismo color que su pelo. Cuando nos vio apareció en su cara una sonrisa que seguro que para ella era de los más sexy, ¡puaj!
- Buenas tardes Dr. Cullen, - dijo de forma melosa.
- Buenas tardes Srta. Avager, -contestó cortésmente Edward.
- Le he dicho muchas veces que mi nombre es Victoria, Dr. Cullen-dijo coqueteando descaradamente. – ¿En qué le puedo ayudar?-
- Venimos a ver al Sr. Swan, -le contestó haciéndome notar.
- ¿Qué?- preguntó mirando de arriba abajo a Edward. ¡Esta mujer se estaba comiendo con los ojos a mi novio delante de mis narices!, ¡Pero que se ha creído!
- Le ha dicho Sta. Avanger, que venimos a visitar al Sr. Swan,- le contesté de manera cortante.
- Sí, sí… como sea, -me contestó moviendo una mano restándole importancia. –Dígame Dr. Cullen ¿A quién ha dicho que venía usted a ver? – ¿En serio que esta tipeja me ha ignorado de esa manera?
- Srta. Avanger, cómo ya le ha dicho mi prometida venimos a visitar al Sr. Swan- dijo recalcando el plural- ¿Me puede usted dar su historial por favor?-
- Ahora mismo se lo doy – le dijo sonriendo-. Bordeó el mostrador moviendo las caderas exageradamente, bufé y rodé los ojos ante esto. Entregó el historial a Edward.
- Gracias Srta. Avanger, -dijo educadamente.
Edward dejó el historial en mis piernas y empujó la silla dirección al pasillo por el que habíamos venido. Se paró en una de las puertas, se agachó para quedar a mi altura.
- ¿Estás lista?, -preguntó colocándome la mascarilla.
- Todo lo que podría estarlo,- le contesté nerviosa. Me dio un pequeño beso en la frente y se levantó para abrir la puerta.
- ¡Ed!,- le llamé cogiéndole del brazo haciéndole notar mi preocupación. No sabía en qué estado encontraría a mi padre y eso me asustaba, necesitaba que Edward me volviera a repetir que todo estaría bien.
- Él está bien pequeña, ya te expliqué para qué eran todas las máquinas que verás, por eso no te asustes ¿De acuerdo?- me dio otro pequeño beso, abrió la puerta y nos llevó dentro de la habitación donde estaba mi padre.
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